Segon premi castellà

Un billete de regreso a la vida

  

Era una tarde de septiembre, llovía intensamente y al mirarme al espejo, éste mostró un reflejo, que aunque siendo el mío no lo reconocí.

Aquella imagen mostraba descaradamente un alma muerta, vestida de un rostro demacrado. Recuerdo haberme preguntado: ¿Esta soy yo? En ese mismo instante algo muy frágil se rompió dentro de mí, dando fin a la inventada ficción e inundándome de realidad. Era hora de tirar todos mis miedos a la basura, y preparar mi huida si quería vivir plenamente.

Ya no disponía de armas para contrarrestar sus ataques. Sin autoestima era una diana donde hacían blanco todos sus dardos llenos de veneno.

Aquel día muerta ante el espejo, mi alma resucitó y un tiempo después, sintiéndome segura de que él tardaría en volver, me marché. Me despedí de aquellas paredes de color vainilla, que me oprimían de tanto volcar tristeza y desilusión en ellas.

El pánico invadiéndome, dio paso a la pasividad, ya me era indiferente lo que me pudiera pasar, me sentía tan perdida que sólo me quedaba un camino… actuar, y lo hice; completamente sola conseguí dar el primero de muchos pasos hacia el amor por mí misma.

Esa mañana de septiembre, me levanté por última vez de la tumba de sus sentimientos muertos; al dar mis primeros pasos, seguros en muchos meses, volví la vista atrás; sólo un camino plagado de cruces, sin espacio entre ellas y un silencio desolador gritándome ¡ahora es el momento, huye! y en mi partida, subí a un tren vestido de esperanza, temiendo mi final incierto.

El destino se convirtió para mí en mi gran oportunidad, era consciente de que si la dejaba escapar me perdería para siempre.

El terror me susurraba al oído recordándome sus reacciones conocidas y las que estaban al azar, las desconocidas, pero aquel soleado veintiséis de septiembre todo conspiraba a mi favor, en forma de momento único para escapar. Me sentí gigante con un alma luchadora, caminando en busca de la verdad y repudiando las enfermas mentiras de mi maltratador.

Un sentimiento muy fuerte se apoderó de mí, pues no marchaba sola, todos estaban conmigo sabiendo que ese era el día y la hora, transmitiéndome su energía con el pensamiento, y ésta era tan potente que sentí que ya nada me retenía, todo iba a salir mágicamente bien.

Un nuevo camino se abría ante mí al cerrar aquella puerta, estaba en el tren, inquieta pero feliz y sintiéndome fuerte tras mucho tiempo siendo débil.

Sentada en aquel tren respirando profundamente y en mis manos, un “billete de regreso a la vida”.

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